El Trotamundos Curioso
Blog · Viajes · 8 de noviembre de 2026

Ruta por los Picos de Europa: Covadonga, Bulnes y Potes

Ruta por los Picos de Europa en cuatro paradas: Cangas de Onís, la Basílica de Covadonga, el aislado Bulnes y Potes, en Liébana. Qué ver y cómo organizarla.

En este artículo

Pocas montañas de la Península tienen tanta historia pegada a la roca como los Picos de Europa. Este macizo calizo, repartido entre Asturias, Cantabria y León, fue escenario del nacimiento del Reino de Asturias, refugio de aldeas que vivieron siglos casi aisladas y hoy es uno de los paisajes más espectaculares del norte. Sus tres grandes macizos (occidental, central y oriental) están separados por gargantas profundas como las del Sella, el Cares o el Deva, y eso marca cualquier ruta: aquí no se cruza la montaña, se rodea.

Te proponemos un recorrido por cuatro paradas de nuestro catálogo que permiten entender los Picos desde la historia y desde el paisaje: Cangas de Onís, la Basílica de Covadonga, Bulnes y Potes. Puede hacerse en un fin de semana largo, aunque lo ideal es dedicarle tres o cuatro días para no ir con prisas por carreteras de montaña.

Las paradas de la ruta

  • Cangas de Onís: la primera capital del Reino de Asturias, a orillas del Sella.
  • Basílica de Covadonga: el santuario ligado a la batalla del año 722.
  • Bulnes: la aldea del macizo central, al pie del Naranjo de Bulnes.
  • Potes: la villa cántabra que hace de puerta a la comarca de Liébana y al macizo oriental.

Cangas de Onís, donde empezó todo

La ruta arranca en la vertiente asturiana, y no hay mejor punto de partida que Cangas de Onís. Pocas villas pueden presumir de un pasado tan decisivo. Aquí se instaló el rey don Pelayo tras la batalla de Covadonga, librada en este mismo término en el año 722, y desde aquí partió la resistencia cristiana frente al poder musulmán una vez desaparecido el Reino visigodo. La localidad fue capital del Reino de Asturias hasta el 774, y su escudo lo resume con orgullo: Minima Urbium Maxima Sedium, «la más pequeña de las ciudades, la mayor de las sedes». No recibió el título de ciudad hasta 1908.

La estampa que todo el mundo fotografía es la del llamado puente romano, que en realidad es una obra medieval tendida sobre el Sella. La ciudad se asienta justo donde el Güeña entrega sus aguas a este río, y pasear por sus orillas es la mejor manera de tomar el pulso a la villa antes de subir a la montaña. Cangas es, además, una base cómoda para dormir y moverse por todo el macizo occidental.

Covadonga: santuario y cuna de un reino

A pocos kilómetros, carretera arriba, espera la Basílica de Covadonga. El nombre lo dice todo: este es el lugar que la tradición asocia a la victoria de Pelayo que dio origen al reino asturiano, y el conjunto se ha convertido en uno de los grandes santuarios del norte de España. La basílica, de piedra rosada, se levanta en un entorno de montaña que impresiona tanto como el propio templo, y junto a ella se encuentra la Santa Cueva, venerada desde hace siglos.

Desde Covadonga parte la carretera que sube a los lagos de montaña, uno de los paisajes más célebres de los Picos. Es una subida exigente y muy concurrida, así que conviene informarse antes de ir, porque en temporada alta y festivos el acceso en vehículo particular suele estar regulado. Llegar temprano es casi siempre la mejor estrategia, tanto para la basílica como para los lagos.

Bulnes, la aldea que vivió aislada

El corazón del macizo central guarda una de las aldeas más singulares de España: Bulnes. Durante generaciones solo se podía llegar a pie por un sendero que remonta la canal desde Poncebos, en el entorno de la garganta del Cares. Hoy existe también un funicular excavado en el interior de la montaña, pero la aldea conserva ese aire de lugar apartado, con sus casas de piedra, sus barrios separados y el sonido del agua como banda sonora.

Bulnes es también la referencia del Naranjo de Bulnes, o Picu Urriellu, el pico más emblemático de la cordillera para los montañeros. No hace falta escalarlo para disfrutarlo: basta con asomarse a los miradores de la zona en un día despejado. Si decides subir andando a la aldea, lleva calzado de montaña, agua y algo de abrigo aunque sea verano, porque el tiempo en los Picos cambia con mucha rapidez.

Desde Poncebos sale además la famosa ruta del Cares, un sendero excavado en la roca que recorre la garganta. Es larga y requiere planificar bien la vuelta, pero si dispones de un día completo es una de las experiencias imprescindibles del macizo.

Potes y la comarca de Liébana

Para cerrar la ruta, toca pasar a la vertiente cántabra. El camino más directo atraviesa el desfiladero de La Hermida, una garganta estrecha y vertical que sigue el curso del Deva y que es en sí misma uno de los grandes paisajes del viaje. Al otro lado se abre la comarca de Liébana y, en su centro, Potes.

Potes es una villa de casas de piedra, puentes y callejas que se agrupan junto a la confluencia de ríos, presidida por una recia torre medieval. Su animado casco antiguo invita a pasear sin rumbo, y la villa funciona como puerta del macizo oriental. Muy cerca se encuentra el monasterio de Santo Toribio de Liébana, uno de los grandes centros de peregrinación del norte, y desde la comarca se puede llegar a Fuente Dé, donde un teleférico sube hasta lo alto del macizo central con vistas espectaculares.

Si te sobra un día: hacia la costa

Los Picos de Europa están muy cerca del mar, y eso permite completar la escapada con paradas costeras. Desde Potes, siguiendo el Deva hacia el norte, se llega en poco tiempo a San Vicente de la Barquera, villa marinera con su castillo y la Iglesia de Santa María de los Ángeles asomados a la ría, desde donde se obtiene una de las panorámicas más famosas de los Picos nevados sobre el mar.

Consejos para organizar la ruta

  • Cuándo ir: la primavera y el otoño ofrecen paisajes preciosos y menos gente. En verano hay más afluencia y en invierno la nieve puede complicar algunos accesos.
  • Coche y paciencia: las carreteras son de montaña y las distancias se alargan; calcula los tiempos con margen.
  • Ropa por capas: la niebla y la lluvia aparecen sin aviso, incluso en agosto.
  • Senderos: no subestimes las rutas a pie; lleva calzado adecuado, agua y consulta la previsión antes de salir.
  • Festivos: madruga, sobre todo en Covadonga y en los accesos más populares.

Con historia en Cangas de Onís y Covadonga, montaña pura en Bulnes y el sabor lebaniego de Potes, esta ruta resume lo mejor de los Picos de Europa: un paisaje que impone y un pasado que explica buena parte de lo que vino después en la Península.

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Artículo elaborado con ayuda de inteligencia artificial a partir de Wikipedia (CC BY-SA 4.0) y de nuestro catálogo, y revisado por el equipo de El Trotamundos Curioso.