
Sallent de Gállego: piedra, montaña y tradición en el corazón del valle de Tena
Iglesia gótica, puente sobre el Aguas Limpias, el Mentidero y cumbres de 3.000 metros: guía para descubrir Sallent de Gállego, en el Pirineo oscense.
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Hay pueblos de montaña que parecen colocados a propósito para que el viajero se quede mirando hacia arriba. Sallent de Gállego es uno de ellos. Asomado a las aguas del embalse de Lanuza y al pie de las cumbres más altas de la cordillera, a un paso ya de la frontera francesa, este municipio del Alto Gállego (Huesca) ejerce de capital del valle de Tena y combina como pocos un casco antiguo de piedra y escudos con un entorno natural de primera división.
Un pueblo con nombre de cascada
El propio nombre de Sallent lo dice todo: el pueblo tomó su denominación de una pequeña catarata, el paraje conocido como «El Salto» o «Salto del Aguaslimpias». En aragonés se le llama Sallent o Sallent de Galligo, y por su término corren dos ríos que nacen dentro de sus propios límites: el Gállego y su primer afluente, el Aguas Limpias, que se encuentran en las inmediaciones del núcleo urbano. Desde el pueblo sale un camino que permite llegar a pie hasta ese salto de agua que dio origen a todo, un paseo perfecto para empezar a entender el lugar.
Hoy el municipio reúne alrededor de 1.500 habitantes (1.505 según el INE de 2025) repartidos entre varios núcleos: Sallent, Formigal, Portalet, Lanuza, Escarrilla, Tramacastilla de Tena y Sandiniés. Un término amplio, de algo más de 162 kilómetros cuadrados, que va de las calles empedradas a las grandes cumbres.
Un poco de historia: de villa real a señorío de los Lanuza
Sallent nació como villa de realengo, es decir, dependiente directamente de la Corona. Con el tiempo pasó a ser señorío laical de la conocida familia Lanuza, un apellido de peso en la historia aragonesa. Además, junto a Lanuza formaba el llamado quiñón de Sallent, uno de los tres territorios históricos en los que se dividía administrativamente el valle de Tena.
Para hacerse una idea de su evolución, a mediados del siglo XIX la villa contaba con 464 habitantes; hoy, con el turismo de montaña y de nieve, el municipio triplica con creces aquella cifra.
Qué ver en el casco antiguo
El centro de Sallent es abigarrado, de calles apretadas y fachadas que cuentan historias. Merece la pena recorrerlo sin prisa, fijándose en los detalles. Estas son las paradas imprescindibles:
- Iglesia de la Asunción. Es el gran tesoro artístico del pueblo: un templo gótico de principios del siglo XVI, declarado bien de interés cultural. En su interior guarda un valioso retablo plateresco y la venerada imagen de la Virgen de las Nieves, patrona de la villa.
- El llamado puente romano. Pese a su nombre, es una construcción del siglo XVI que salva el curso del Aguas Limpias en mitad de la población. Uno de los rincones más fotogénicos de Sallent.
- Las casas blasonadas. Innumerables escudos salpican las fachadas del casco antiguo, recuerdo de linajes y familias que dejaron su huella en piedra.
- El Mentidero. Una gran bancada cubierta y abierta a la calle, en pleno centro, que vecinos y visitantes siguen usando como lugar de encuentro. Sentarse un rato aquí es la mejor forma de tomarle el pulso al pueblo.
Y si se acerca a Formigal, no se pierda la pequeña iglesia mozárabe del Salvador de Basarán, del siglo X y reconstruida en 1972, cuyo aire antiguo contrasta de forma curiosa con los edificios modernos de la estación de esquí.
Montaña en estado puro
Sobre la villa se alza la Peña Foratata, un enorme peñasco rocoso que es el pico más emblemático del lugar y casi una seña de identidad. Pero el término municipal guarda cumbres de mucha más envergadura: Anayet, Tres Hombres, Arriel o Balaitous, muchas de ellas rozando o alcanzando los 3.000 metros. Parte del territorio está protegido dentro del monumento natural de los Glaciares Pirenaicos.
Para los aficionados al senderismo y al montañismo, dos excursiones destacan especialmente: la de Ibonciecho y la del ibón de Respomuso, donde hay un albergue muy frecuentado por alpinistas. Además, por el municipio pasa el GR-11, la ruta que cruza el Pirineo de punta a punta, del Mediterráneo al Cantábrico.
Otro punto singular es El Portalet, el paso fronterizo que comunica el valle de Tena con el valle francés de Ossau.
En invierno, el protagonismo lo asume la nieve: en el paraje de Formigal se encuentra la estación de esquí Aramón Formigal, con equipamientos para deportes de nieve y servicios hoteleros. El pueblo cuenta también con pabellón polivalente, piscinas y pistas de tenis.
Un apunte práctico: el clima aquí es de montaña de verdad. Se han registrado mínimas de -21 °C y máximas de 36 °C, así que conviene llevar ropa por capas en cualquier estación, calzado adecuado para caminar y consultar la previsión antes de cualquier salida al monte.
Fiestas y tradiciones que merecen un viaje
Si puede elegir fechas, Sallent tiene un calendario festivo con mucho carácter:
- Semana Santa, con la procesión del Santo Entierro.
- Festival Pirineos Sur, en la segunda quincena de julio, sobre todo en Lanuza: los músicos actúan en un escenario que flota sobre el embalse. Una experiencia difícil de olvidar.
- Fiesta mayor en honor a la Virgen de las Nieves, en torno al 5 de agosto.
- Feria del Ganado, el fin de semana previo a las fiestas de septiembre.
- Exaltación de la Santa Cruz, el 14 de septiembre, la celebración más antigua y tradicional.
En las fiestas destaca el Ondeo de Bandera, en el que los mozos sallentinos hacen girar en horizontal el larguísimo mástil del pendón de la villa. Y hay un patrimonio inmaterial que convierte a Sallent en un caso único: sus misas cantadas. La Misa Solemne, la de Difuntos, el Ave Maris Stella y el Miserere son piezas de música religiosa popular inspiradas en el gregoriano, conservadas durante generaciones y cantadas solo por el Coro de Hombres de la Villa, que les ha dado un tono tan propio que la Misa Solemne se conoce ya como «La Misa de Sallent de Gállego». Se canta el 5 de agosto, el 14 de septiembre, en Navidad y en Pascua; la de Difuntos, en fechas próximas a esas fiestas y el día de Todos los Santos; y el Miserere suena la noche del Viernes Santo, al terminar la procesión del Entierro.
Como curiosidad cultural, en Sallent se entrega cada dos años el Premio de Relatos Cortos «Luis del Val», abierto a obras en castellano y en aragonés.
Cómo organizar la visita
Para el pueblo en sí basta con media jornada tranquila: casco antiguo, iglesia, puente y una parada en el Mentidero, más el paseo hasta el Salto del Aguaslimpias. Si viene a hacer montaña, reserve al menos un par de días y salga temprano, sobre todo en verano, para evitar las horas centrales y las tormentas de tarde. En fechas de festival o de fiestas patronales, llegue con antelación, porque el valle se anima mucho.
Y si quiere completar la escapada, a unos 28,5 kilómetros le espera la Ciudadela de Jaca, una fortaleza que pone el broche perfecto a una ruta por el Pirineo aragonés: de las cumbres y las tradiciones de Sallent a la historia militar de Jaca en un mismo viaje.
Artículo elaborado con ayuda de inteligencia artificial a partir de Wikipedia (CC BY-SA 4.0) y de nuestro catálogo, y revisado por el equipo de El Trotamundos Curioso.



