
Ruta por Extremadura en coche: de Jerez de los Caballeros al castillo de Hervás entre catedrales y templos
275 km de sur a norte por Extremadura: del barroco de Jerez de los Caballeros a las vistas de Hervás, pasando por Badajoz, Cáceres, Garrovillas y Coria.
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Hay rutas que se recorren mirando el paisaje y otras que se recorren mirando hacia arriba, hacia torres, bóvedas y retablos. Esta travesía por Extremadura tiene un poco de ambas. Son 275 kilómetros en coche que arrancan en el sur de la provincia de Badajoz y terminan al norte de Cáceres, en las estribaciones de la Sierra de Gredos. Por el camino, seis paradas que cuentan siglos de historia: una iglesia barroca desbordante de color, dos catedrales que comparten sede con otras, un templo gótico que sigue vivo en su villa y una fortaleza medieval convertida en iglesia.
Antes de arrancar: cómo plantear la ruta
La ruta sigue un orden lógico de sur a norte, con tramos que oscilan entre los 30 y los 84 kilómetros, así que ninguna jornada resulta agotadora al volante. Se puede hacer en un fin de semana largo, aunque si quieres disfrutar de los cascos históricos sin prisas, lo ideal es repartirla en tres días.
Las paradas, en orden, son estas:
- Iglesia de San Bartolomé (Jerez de los Caballeros)
- Catedral de San Juan Bautista de Badajoz (64,2 km)
- Concatedral de Santa María de Cáceres (84,1 km)
- Iglesia de San Pedro (Garrovillas de Alconétar) (30,8 km)
- Catedral de Coria (29,8 km)
- Castillo de Hervás (66,1 km)
En cuanto a la época, aquí no hay discusión: primavera y otoño, de abril a junio y de septiembre a octubre. Los veranos extremeños son muy calurosos y pasear por plazas de piedra a mediodía en julio no es la mejor idea. Si no te queda otra que viajar en verano, aprovecha las primeras horas de la mañana y el final de la tarde para las visitas a pie.
Jerez de los Caballeros: el barroco que entra por los ojos
La ruta empieza con fuerza. Jerez de los Caballeros es una ciudad templaria del sur de Badajoz, declarada conjunto histórico-artístico y conocida por sus cuatro torres barrocas de ladrillo, yeso y cerámica vidriada que dominan el caserío. Merece por sí sola un paseo sin prisa, así que no la tomes solo como punto de salida: dedícale al menos una mañana.
Entre sus rincones destaca la iglesia de San Bartolomé, y lo primero que llama la atención es el color. Este templo parroquial barroco se ha ganado su fama por una decoración abundante y llena de matices, de esas que obligan a detenerse. El barroco, con su gusto por el adorno y el efecto visual, se expresa aquí sin timidez. En 2013 fue declarada bien de interés cultural, la máxima figura de protección del patrimonio en España. Reserva tiempo para recorrer sus detalles con la vista: es esa riqueza ornamental la que le da su carácter.
Badajoz: la catedral que gobierna una archidiócesis
A 64 kilómetros espera Badajoz, y en su corazón, la catedral de San Juan Bautista. Se alza en la plaza de España, el espacio central de la ciudad, y es la referencia natural para empezar cualquier paseo por el casco urbano.
Su nombre oficial, Santa Iglesia Catedral Metropolitana de Badajoz, ya da pistas de su rango: es sede arzobispal y capital de la archidiócesis de Mérida-Badajoz, que une simbólicamente a dos de las grandes ciudades de la región. Hay un dato curioso que conecta con el resto del viaje: junto con las catedrales de Coria y Plasencia, la de Badajoz fue socia fundadora de la asociación Ciudades Catedralicias, a la que se han sumado otras quince catedrales españolas. Es decir, en esta ruta pisarás dos de sus tres fundadoras extremeñas.
Cáceres: piedra, Patrimonio de la Humanidad y un prefijo curioso
El tramo más largo, 84 kilómetros, lleva hasta Cáceres. Quien recorre su ciudad monumental, declarada Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en 1986, acaba tarde o temprano en la plaza de Santa María, donde se levanta la concatedral de Santa María, el templo cristiano más importante de la ciudad.
Lo que vemos se construyó sobre todo entre los siglos XV y XVI, con un lenguaje tardogótico que domina el conjunto. Pero mira con calma: sobreviven elementos románicos de un templo anterior, de la época de la reconquista de la villa en el siglo XIII, y añadidos renacentistas que prueban que la obra siguió viva cuando cambiaban los gustos.
Sus orígenes fueron modestos: en la Edad Media era una de las cuatro parroquias de la villa, y no fue hasta 1957 cuando alcanzó el rango de concatedral de la diócesis de Coria-Cáceres. Desde entonces comparte sede episcopal con la catedral de Coria, de ahí ese prefijo que tanto sorprende. Es, además, bien de interés cultural desde 1931, décadas antes del reconocimiento de la Unesco al conjunto que la rodea.
Garrovillas de Alconétar: un templo gótico con vida propia
A solo 30 kilómetros, la ruta se adentra en la Extremadura de los pueblos. En Garrovillas de Alconétar, la iglesia de San Pedro es uno de los hitos del patrimonio local: un templo del siglo XV, de estilo principalmente gótico, buena ventana a la arquitectura religiosa de finales de la Edad Media.
Lo bonito es que no es un monumento congelado. Sigue funcionando como parroquia y, junto a la iglesia de Santa María de la Consolación, la otra gran iglesia de la villa, forma una misma parroquia dentro de la diócesis de Coria-Cáceres. Que un pueblo tenga dos templos de este calibre habla de la relevancia que tuvo en el pasado. El consejo es claro: combina ambas en un paseo por Garrovillas para entender cómo han articulado durante siglos su vida religiosa.
Coria: dos siglos y medio de obra
Otros 30 kilómetros y llegamos a Coria, sede compartida de la diócesis. La catedral de Santa María de la Asunción guarda su verdadero tesoro dentro. El retablo mayor, del siglo XVIII, luce tallas de Alejandro Carnicero, y la capilla mayor se cierra con una reja trabajada en los siglos XVI y XVIII. En el coro, no te pierdas la sillería mudéjar de nogal de los siglos XV y XVI, protegida por una verja protorrenacentista.
Fíjate también en los sepulcros episcopales: el de Pedro Ximénez de Préxamo es obra de Diego Copín de Holanda, y el de García de Galarza, de Lucas Mitata. Completan el recorrido el retablo de las Reliquias, del XVIII, el de San Pedro de Alcántara, del XVII, y una notable colección de pintura, escultura y orfebrería.
El edificio se empezó en 1498 y no se terminó hasta hacia 1748. Por eso su gótico de transición convive con añadidos platerescos según trazas de Pedro de Ybarra y con una torre barroca de Manuel de Lara Churriguera, hoy su silueta más reconocible. Y bajo sus muros, más historia: en este solar se sucedieron una catedral visigoda, la mezquita mayor y una catedral románica.
Hervás: final en lo alto
El último tramo, 66 kilómetros, sube hacia el norte de Cáceres, a las estribaciones de la Sierra de Gredos. En Hervás, el castillo no es lo que uno espera: sus restos están ligados a la iglesia de Santa María de Aguas Vivas, levantada sobre los cimientos de la antigua fortaleza, y muchos llaman a ambos con el mismo nombre.
La construcción defensiva se remonta al siglo XIII y ocupa el punto más elevado del pueblo, ideal para vigilar el entorno. Hoy esa posición es un premio: se llega tras subir por calles empinadas, así que lleva calzado cómodo. Arriba, tómate tu tiempo para contemplar la relación entre el caserío y las montañas. Es el broche perfecto: una fortaleza medieval convertida en templo, resumen de cómo los edificios cambian de función con los siglos, y de cómo esta ruta, de torre en torre, cuenta la historia de Extremadura.
Artículo elaborado con ayuda de inteligencia artificial a partir de Wikipedia (CC BY-SA 4.0) y de nuestro catálogo, y revisado por el equipo de El Trotamundos Curioso.



