
Sóller
Historia y patrimonio
Pocas localidades mallorquinas guardan una memoria tan viva como Sóller. Cada mes de mayo, el pueblo revive en una fiesta el día de 1561 en que una poderosa armada de corsarios argelinos, mandada por Uchali y Iusuf-Arrais con veintidós galeones, eligió este rincón de la costa noroeste para lanzar su ataque contra la isla. Conocer esa historia antes de pasear por sus calles cambia por completo la manera de mirarlas.
El relato tiene algo de novela. Avisados porque la flota se había detenido en Ibiza a por agua, los mallorquines se prepararon, pero unos 1600 corsarios desembarcaron sin ser vistos y se dividieron en dos grupos: uno marchó hacia el puerto y otro rodeó el pueblo para saquearlo desde el norte. Atrapados entre dos fuegos, los vecinos recuperaron primero el puerto y aguardaron allí a quienes volvían cargados de botín y cautivos, persiguiéndolos después hasta los acantilados. La tradición recuerda a las valientes mujeres de Can Tamany, que acabaron con engaños con los asaltantes de su casa, y a una partida de bandoleros cuya ayuda les valió el perdón de Felipe II.
Aquel peligro dejó huella en el paisaje. Desde el siglo XVI se levantaron la Torre Picada y el castillo del Puerto de Sóller, y también se fortificó parte del pueblo, aunque de aquella muralla solo sobrevive un tramo junto a la iglesia parroquial, un detalle que merece la pena buscar.
El municipio, encajado en la Sierra de Tramontana, reúne cuatro núcleos: el propio Sóller, el Puerto de Sóller, L'Horta y Biniaraix. Su historia, sin embargo, es mucho más antigua que los corsarios: en Muleta se han hallado vestigios de época talayótica, y de la Roca Roja proceden tres estatuas de bronce de una divinidad guerrera de la prehistoria balear, fechadas entre los siglos IV y III a. C., que hoy se conservan en el Museo de Mallorca.
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